Lynyrd Skynyrd los despide hasta mañana

•octubre 29, 2008 • 1 comentario

Flaco Epifanio, Pizzita, Ricardito, Rubén, todos imitando a los Lynyrd Skynyrd. Cada uno con su instrumento (imaginario) y secándose la transpiración después de cada tema.

Manos que se movían sin cuerdas ni palillos, ni teclados, ni nada, copiando a los muchachos de Jacksonville.

Saludando a un público inexistente, durante horas…

Lynyrd Skynyrd en “Call me the breeze”

Nos mean y la prensa dice que llueve

•octubre 29, 2008 • Dejar un comentario

Un amigo del blog nos acercó este fragmento del poema “Policrítica en la hora de los chacales”, que el argentino Julio Cortázar escribió en el año 1971 a raíz de la detención en Cuba del poeta Heberto Padilla por motivos políticos.

La detención provocó un tremendo despliegue de propaganda anticubana que Cortázar y otros escritores e intelectuales de izquierda trataron de contrarrestar. Con ese motivo acudieron a la embajada cubana en Francia, buscando información verídica sobre el hecho que les permitiera enfrentar la ola de mentiras y acusaciones falsas que se publicaban en los periódicos del mundo occidental se divulgaba que Padilla estaba siendo torturado.

Julio Cortázar (Bruselas, 1914 – París, 1984) 

Policrítica en la Hora de los Chacales

De qué sirve escribir la buena prosa,
de qué vale que exponga razones y argumentos
si los chacales velan, la manada se tira contra el verbo,
lo mutilan, le sacan lo que quieren, dejan de lado el resto,
vuelven lo blanco negro, el signo más se cambia en signo menos,
los chacales son sabios en los télex,
son las tijeras de la infamia y del malentendido,
manada universal, blancos, negros, albinos,
lacayos sino firman y todavía más chacales cuando firman,
de qué sirve escribir midiendo cada frase,
de qué sirve pesar cada acción, cada gesto que expliquen la conducta
si al otro día los políticos, los consejeros, las agencias,
los policías disfrazados,
los asesores del gorila, los abogados de los trusts
se encargarán de la versión más adecuada para consumo
de inocentes o de crápulas,
fabricarán una vez más la mentira que corre, la duda que se instala,
y tanta buena gente en tanto pueblo y tanto campo de tanta tierra nuestra
que abre su diario y busca su verdad y se encuentra
con la mentira maquillada, los bocados a punto, y va tragando baba prefabricada, mierdas en pulcras columnas, y hay quien cree
y al creer olvida el resto, tantos años de amor y de combate,
porque así es, compadre, los chacales lo saben: la memoria es falible
y como en los contratos, como en los testamentos, el diario de hoy con sus noticias invalida
todo lo precedente, hunde el pasado en la basura de un presente traficado y mentido.
Entonces no, mejor ser lo que se es,
decir eso que quema la lengua y el estómago, siempre habrá quien entienda
este lenguaje que del fondo viene,
como del fondo brotan el semen, la leche, las espigas.
Y el que espere otra cosa, la defensa o la final explicación, la reincidencia o el escape, nada más fácil que comprar el diario made in USA
y leer los comentarios a este texto, las versiones de Reuter o de la UPI
donde chacales sabihondos le darán la versión satisfactoria,
donde editorialistas mexicanos o brasileños o argentinos
traducirán para él, con tanta generosidad,
las instrucciones del Chacal con sede en Washington,
las pondrán en correcto castellano, mezcladas con saliva nacional,
con mierda autóctona, fácil de tragar.
No me excuso de nada, y sobre todo
no excuso este lenguaje,
es la hora del Chacal, de los chacales y de sus obedientes:
los mando a todos a la puta madre que los parió
y digo lo que vivo y lo que siento y lo que sufro y lo que espero…

Julio Cortázar (1971)

La televisión que se viene

•octubre 29, 2008 • Dejar un comentario

A propósito de la llegada de la televisión digital, y en el marco del debate previo a la demorada sanción de una nueva ley de radiodifusión, presentamos este interesante trabajo de la Universidad de Quilmes.

¿Un mundo digital, múltiples voces?

Un debate sobre la televisión. La que tenemos y la que vendrá; su muerte y resurrección.

Por Ornela Carboni y Soledad López

Un modo posible de pensar la instauración de la televisión digital es imaginar un mundo en el cual la tecnología reina. Donde la imagen televisiva deja de ser cotidiana para volverse omnipresente. Las pantallas multiplicadas por doquier desde la tradicional “tele” hasta los más novedosos celulares nos acompañarían en nuestras íntimas experiencias. Mientras los gurúes de la TV digital anuncian sus beneficios: mejor calidad de la imagen, interactividad, multicanalidad, triple play y movilidad, los disertantes del “Primer Encuentro Iberoamericano de Comunicación: lo digital y la digitalización”, organizado por el Sistema Nacional de Medios Públicos en Canal 7 los días 14 y 15 de octubre, se animaron a preguntar por los contenidos, las políticas públicas y la relación con la tecnología. Académicos de América latina y España coincidieron en que la elección entre la norma estadounidense, europea o japonesa no es lo más importante. ¿Una vez digitalizado el espectro, estaremos realmente hiper-conectados? ¿O más bien hiper-segmentados e hiper-individualizados? En la era de los usuarios y consumidores, qué sucede con nuestra condición de ciudadanos.

El para qué de la digitalización se instauró como hilo conductor en las cuatro mesas del encuentro. Si utilizamos la anacrónica definición de Umberto Eco, podríamos decir que para los más integrados, u optimistas, la TV digital permitirá la inclusión social de actores que actualmente no participan en los medios masivos. Pero aún no queda claro el modelo de negocio, cómo se realizará la mudanza de lo analógico a lo digital y cómo se garantizará la diversidad de contenidos. Los más apocalípticos, e incluso algo nostálgicos de la ciudadanía clásica, reinstauraron el debate por la definición de políticas públicas de radiodifusión aplicables. En Argentina, para no cometer los errores del pasado, además de modificar la ley, se requiere que esos cambios no favorezcan a los grupos hipercomerciales que dominan el mercado y concentran la producción de contenidos en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Ni apocalíptica ni integrada, la sociedad civil fue llamada a ejercer críticamente su derecho a participar de este debate.

La televisión digital se presenta como un gran almacén virtual, que ofrecerá contenidos diversos según edades y gustos. Al ser intangible, los usuarios circularán hacia sus productos y potenciarán sus “libertades”, de consumo y espectáculo. Sin embargo, estudios realizados por Emili Prado (Univ. Autónoma de Barcelona) demostraron que los contenidos siguen concentrados en tres ejes: ficción, información e infoshow. Martín Becerra (Univ. de Quilmes) distinguió el caso europeo del latinoamericano. El primero se caracteriza por una larga tradición de servicio público en medios de comunicación y la regulación estatal, aun después de la apertura a empresas comerciales, permite programaciones complementarias y diversificadas, mientras que en Latinoamérica la anomia de políticas públicas garantiza la “seguridad jurídica” para los grandes grupos empresariales en detrimento de la mayoría de la población. El multichanel podría representar una alternativa para países como la Argentina siempre y cuando se revisen los marcos regulatorios en pos de pensar una nueva televisión pública no comercial. Glenn Postolski (Univ. de Buenos Aires) indicó que actualmente no existen en Argentina medios públicos, sino medios gubernamentales que dependen de las decisiones discrecionales de los gobiernos. El canal Encuentro, exclusivo en cable, y el funcionamiento de Canal 7 en los últimos cuatro años son ejemplos de programación complementaria; sin embargo, nada asegura la continuidad de la política de programación ante un cambio de gestión. Omar Rincón (Univ. Javeriana, Colombia) explicó que históricamente la TV pública se pensó en términos de informar y educar; esto implica concebir a los espectadores como sujetos dependientes de los medios para informarse e instruirse. Pero la televisión pública debe también entretener y evitar cederle la franja del entretenimiento al mercado.

Acortar la brecha digital no se trata únicamente de cómo el mercado se apropia de la tecnología, sino de cómo se desarrollan software y contenidos. Guillermo Mastrini (UBA) recordó que en el universo tecnológico, América latina está a tiempo de desarrollar software propio de indexación, como integrar bases de datos regionales para potenciar el uso de Internet y diseñar políticas de integración y promoción de la industria creativa de cada país.

Los procesos de digitalización abren la posibilidad histórica de cambiar, aunque sea en parte, las reglas de juego. Es preciso implementar políticas públicas que conjuguen dos aspectos: el técnico, ligado a políticas industriales, y los socioculturales, asociados a la producción y distribución de contenidos simbólicos. Esto último incluye reservar parte del espectro para los sectores comunitarios. Ellos requerirán la colaboración estatal para poder producir y distribuir con cierta equidad en relación a las emisoras privadas dados los altos costos de la industria televisiva.

Fuente: Página/12.

Bajar la edad de imputabilidad=limpiar las calles de chicos pobres

•octubre 29, 2008 • Dejar un comentario

Desde este blog venimos insistiendo con que el Estado debe estar cada vez más presente. Lo intentó tímidamente con las retenciones a las exportaciones agrícolas y, mucho más tímidamente, con la movilidad de las jubilaciones y con los traspasos de los fondos de las AFJP.

El Estado, señores, debe asegurar la vida de todos y no de unos cuantos ricachones, muchos de ellos cercanos al Gobierno de los K.

Es sencillo, este es un país pobre, por lo tanto, primero están los pobres. Al que no le guste vivir en un país lleno de pobres, que vaya a la cola del consulado más cercano.

Esta columna, publicada hoy en Página/12, advierte sobre la intención aviesa de algunos sectores acomodados de criminalizar a los chicos pobres. Ya sabemos cómo les fue a los países que bajaron la edad de imputabilidad para delitos cometidos por menores. Ahí están los ejemplos de México, Colombia, Brasil. La gente muere como moscas y los ricos cada vez están más intranquilos.

Arman verdaderas fortalezas y hasta tienen helicópteros para no ir por la calle, porque los secuestros  suceden por minuto y los atentados asoman a toda hora.

Vamos a la nota.

“¿Las vidas de esos niños no son dignas de ser vividas?”

Por Gabriel Elías Ganón *

Nuevamente del Norte llegan ecos que diseminan el miedo y la preocupación. Como ocurrió durante la crisis financiera internacional, los medios de comunicación social y cierta oposición política al Gobierno no dejan de perder oportunidad para infundir miedo y acercar a la ciudadanía a la sensación de estar viviendo una catástrofe definitiva. Es cierto, no son más que visiones parciales de la realidad de un sistema, el capitalista, que no deja de jugar a su antojo, como bien dice el sociólogo Bauman, casi tanto con el miedo de los más o menos acomodados como con la vida de millones de personas condenadas a la exclusión definitiva.

Dentro de este contexto, utilizando, como ocurrió con Axel Blumberg, el lenguaje de otra muerte “no descartable”, parte de la elite política vernácula se ha lanzado a la caza y virtual exterminio de los niños pobres. Su evidente hipocresía los lleva a demandar desde la baja de la edad de la imputabilidad hasta la desaparición del juicio previo, para poder encarcelarlos tan pronto como sea posible. Utilizan curiosos recursos discursivos para imponer sus “nuevas” tecnologías del aniquilamiento, ya no como excepcionalidad sino como práctica habitual.

Es decir, nos deshumanizan cuando pretenden que con ellos despreciemos las vidas de esos niños, tan sólo porque no les resultan útiles ni rentables y, lo digan con claridad o no, consideran sus vidas indignas de ser vividas. Quizá por eso prefieren dirigir sus presupuestos para la protección de los más ricos e invertir en vigilancia y en cámaras de video. Con este proceso, tan pronto como les sea posible reclamarán la aplicación de la pena más económica y productiva, la pena de muerte. Parecería que para esta clase política emergente de trajes costosos y oscuros, de la zona más acomodada del país, es necesario continuar y construir su carrera política mediante el desvío de las angustias populares hacia la inseguridad urbana.

De esta manera, su lenguaje de muerte mantiene su encono contra los niños pobres a pesar de que las investigaciones del caso Barrenechea terminaron contando otra historia. En este contexto, lanzan respuestas mágicas sin fundamentos estadísticos, buscan soluciones en horizontes de sicarios en los que no impera otra cosa que la ley del revólver –Colombia posee la tasa de homicidios más alta del continente– y rápidamente se molestan movidos por intereses personales –es un secreto a voces la candidatura de uno de ellos a la Procuración provincial– contra cualquier voz que pretenda mostrarse disidente y que reclame por las mínimas garantías de un régimen democrático.

Naturalmente, en su intención narrativa no todas las muertes son igualmente útiles ni llevan en sí el mismo el poder instrumental de revelación. Quizá por eso la cordura no tiene oferta y pocas muy pocas han sido las voces que se han lanzado contra tanta barbarie deshumanizante –Carmen Argibay, María del Carmen Falbo y Daniel Arroyo– a pedir un poco de prudencia y sensatez para empezar a resolver un problema altamente complejo. Es cierto, ya nada funciona como antes y menos aún los mecanismos tradicionales de aplicación de la violencia.

Sin embargo, en semejante coyuntura jamás lo resolverán las mágicas modificaciones legislativas a las leyes penales que se reclaman. Con estas propuestas, las nuevas cabezas del populismo punitivo pretenden, por un lado, transformar al sistema penal en una máquina letal contando muertes como cuentan sus billetes, pero sí tendrán más personas y más jóvenes presos. Sin embargo, como en sus palabras sólo suele imperar el oportunismo y el odio, desconocen el decir de Derrida: que cualquier muerte, no sólo la de alguno de sus vecinos, es el fin de un mundo único y por tanto ninguna es en esencia más valiosa que la otra. Por eso se apresuran también a olvidar que no son ni han sido pocos los niños pobres que, superado el hambre, también han muerto violentamente, como el ingeniero Barrenechea.

De cualquier manera, como no son ni sus vecinos ni los nuestros y sus voces estarán siempre ausentes aun después de la muerte, jamás llegaremos a conocer sus nombres. ¿Será acaso porque en estos tiempos, en los que impera la sinrazón y la cólera, muchos de nosotros nos dejamos arrastrar enceguecidos por el miedo y comenzamos a sentir que las vidas de esos niños no son dignas de ser vividas y por lo tanto deben ser abandonados por el Estado o a su suerte o a la muerte aleatoria detrás de los muros de una cárcel?

* Defensor general del Departamento San Nicolás. Profesor de Política Criminal y Criminología de la UNR.

Daniel Melingo los despide hasta mañana

•octubre 28, 2008 • Dejar un comentario

¿Qué habrá sido de aquellas bombachas Pampero, de los pulóveres de llama, de aquellos delgados vasos blancos con tinto y hielo?

Daniel Melingo en “Sin luna”

El humor de Macri

•octubre 28, 2008 • Dejar un comentario

Leamos el pirulo que publicó ayer en su tapa el diario Página/12.

Malo

La consulta apuntaba al problema más urgente que tiene Mauricio Macri en la ciudad: el conflicto docente. “¿Por qué no les aumenta a los maestros?”, preguntó Luis Majul, que lo entrevistaba anoche en La Cornisa. “Porque soy malo y me gusta torturar a los docentes”, intentó bromear el jefe de Gobierno. El supuesto chiste no cayó bien en el estudio, de modo que el jefe de Gobierno olvidó rápidamente su incursión en el humor y pasó a repetir el discurso de la falta de plata y los aumentos ya otorgados.

La TV nos muestra lo que no es

•octubre 28, 2008 • Dejar un comentario

No todo es lo que parece o al menos no es lo que muestra la TV.

Un plano, corto o largo, nos modifica la percepción de lo que es. Si vemos una parte o el todo.

Veamos esta nota, publicada ayer en el matutino Página/12.

Asamblea y plano corto

Una reflexión sobre el uso del plano corto en las transmisiones televisivas.

Por Mariana Moyano *

Asamblea UBA (Foto: Télam)

¡Uy, nena! ¡Qué despiole eso! ¿Vos estás bien?–fue lo primero que me dijo una amiga y compañera especializada en trabajar en y con los medios cuando la llamé desde el Colegio Nacional de Buenos Aires el viernes 17 mientras transcurría la Asamblea Universitaria.

–Sí, claro… Pero… ¿Por qué me decís…? Ya sé. ¡Apagá la tele y escuchame que te cuento!

Le respondí cuando entendí que estaba en su oficina con la televisión encendida y había sido víctima del plano corto, al que tan cotidianamente la Argentina asistió como nunca en su historia mediática durante el conflicto por la 125.

Unos 15 minutos antes del llamado, los estudiantes que estaban fuera del Colegio habían intentado mover la valla que les impedía ingresar y todos los cronistas que estaban cubriendo el desarrollo de la Asamblea corrieron escaleras abajo para registrar la batalla campal que –intuyeron– estaba a punto de iniciarse. La imagen no era agradable: uniformados de la Federal con chaleco naranja, los de uniforme completamente negro que cargan además casco y escudo, vallas y militantes de agrupaciones estudiantiles. Pero una cosa era lamentar que la UBA tuviera que discutir a puertas cerradas y otra bien distinta suponer que aquello se parecía en algo a un escenario de caos.

Minutos después y mientras contaba este episodio tan de época que hace que incluso los menos inocentes caigan en la trampa de la edición, una periodista de un medio gráfico se acercó y el relato le empezó a salir a borbotones: “Callate que me acaba de pasar lo mismo. Llamé a la redacción para contar cómo venía todo y mi editor me dice: ‘Sí, ya vi todo, hacemos una nota con lo que resuelvan, otra con el enfrentamiento con la policía… ¿Sabés si van a suspender la Asamblea?’ ‘Pero si acá está todo bien’, le contesté. ‘Estoy viendo la tele’, me dijo él. ‘Por eso te digo. Yo estoy acá y te digo que está todo bien… ¡no lo podía creer!”. La periodista no daba crédito, pero por las dudas por la tarde les pregunté a mis alumnos qué información tenían sobre lo que había pasado con el debate del estatuto universitario y los que algo sabían hicieron mención a las vallas, a los militantes y a la policía. Recorte, edición y plano corto mediante, una discusión de 9 horas y el debate sobre más de 80 artículos había quedado reducido a eso.

Nada de esto es nuevo, pero no por carecer de novedad deja de ser crudo, incluso cruel: la política parece no tener manera de sortear la construcción. Como si se tratara de la imagen que Linda Hamilton imagina en Terminator II, todo parece haber sido arrasado por un escenario mediático ante el cual quedamos a la intemperie.

El enorme Nicolás Casullo dejó escritas enormes páginas y reflexiones y en el también enorme Las cuestiones dice (sí, dice. No se habla en pasado del Casullo autor que deja un libro que está más vivo que cuando se publicó): “El mercado global mass mediático va instalando la idea de que su lógica no contiene derechas ni izquierdas, ni contenido sustancial (…) La prédica política nace en el factor ser: repetición, acumulación, ‘continuará’, lenguaje de cámaras rectoras, primeros planos, construcción cotidiana de una nota que admite ‘toda’ deriva, cualquier enunciación, cualquier exabrupto, cualquier referencia impactante, muchas vueltas de tuerca siempre sobre lo mismo: armado y edición”.

¿Cómo le pelea la política al recorte televisivo? ¿Cómo se hace para dar cuenta del siempre existente fuera de campo que –las más de las veces– da cuenta de lo importante/verdadero que está ocurriendo en esa escena?

Hay líneas de continuidad en la operatoria mediática y de eso no sólo se dan cuenta los que piensan en permanente código de conspiración y los paranoicos que –bien por ellos– andan a la defensiva de la edición. A veces las cosas son lo que parecen y están ahí, como la carta a la vista de todos de Edgar Allan Poe. Ese recorte es parte de la lógica mediática: ninguna cámara podría tomar “la totalidad”. Pero estas líneas no intentan declararles la guerra a los mecanismos propios del hacer periodístico, sino que tratan de fortalecer un poco la pregunta por lo invisibilizado. En eso que no se ve, no se dice, no se oye ¿qué está pasando? ¿Hay algo más allá?

En mayo de este año se escribió que “La amplitud y riqueza de la comunicación está garantizada solamente por la debida rendición de cuentas del Ejecutivo sobre las cuestiones de interés público, y no, a la inversa, por el control de Estado sobre lo que se publica o lo que se dice en los canales y en las radios” (las bastardillas son mías). Si bien esta noción puede no ser más que un alarde de liberalismo, este párrafo me vino ese viernes cuando me pregunté ¿y quién cuida a mi amiga para que no se preocupe por mi integridad física cuando está viendo la televisión? ¿Quién le rinde cuentas a ella?

Susana Murillo es una profesora universitaria y ella conspira. Me gusta por eso. Se lo he dicho y se ríe cómplice por causar esa sensación. En su tesis de doctorado ella explica algo que puede ser una casualidad, pero los conspiradores ven relaciones íntimas donde las hay y donde no también. Conspiremos, pues. En su libro, Murillo explica que uno de los documentos del Banco Mundial habla de la “estrategia de rendición de cuentas” cuya puesta en acción plantea que los medios cumplen un rol fundamental en la construcción de una sociedad civil que audite a “los políticos” desde la participación atomizada y concebida para un reclamo específico. Nada de partidos, de organizaciones ni de militancia. Que ni se nos vaya a ocurrir.

Edurne Uriarte, en la revista Leviatán, de Madrid, escribió: “Los conceptos clásicos de independencia respecto del control del gobierno o de los monopolios ya no nos permiten comprender la acción de los medios de comunicación, que de ser víctimas de la ferocidad del poder político han pasado a ser un actor importante que más bien está en posición de conseguir que la víctima sea el poder político”.

De algo de eso se queja Evo Morales. Hugo Chávez anduvo esgrimiendo por todos lados argumentos similares cuando en 2002 fue víctima del golpe de Estado. Juan Gelman dio cuenta hace poco en PáginaI12 de cómo los medios silencian las voces que sospechan de las versiones oficiales sobre lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001. Rafael Correa asiente con la cabeza cuando en alguna cumbre de presidentes un colega suyo cuestiona el accionar de algunos medios. Y mi amiga, mi pobre amiga que temió por mí este 17 de octubre, se quedó preocupada. Ella, por supuesto, no está en condiciones de decir que los medios intentaron desestabilizarla. Pero se quedó pensando en lo que son capaces de hacer algunas imágenes con su cabeza. Y no es de paranoica que lo piensa. Es que conoce la memorable máxima del ex secretario de Estado de los Estados Unidos Edward Barret, que afirmó que “en la contienda por ganar las mentes de los hombres una hábil e importante campaña es tan indispensable como una fuerza aérea”.

* Docente de la carrera de Ciencias de la Comunicación (UBA).

 
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