Georgina Elustondo y el nuevo periodismo

No podemos negar que la pauta publicitaria de la ciudad de Buenos Aires le interesa mucho a Clarín y también, nobleza obliga, a todos los medios capitalinos y nacionales. Es una torta muy importante, es mucha guita.

¿Pero hace falta ser tan genuflexo? En este caso, la periodista Georgina Elustondo demuestra que sí.

¿Por qué ella y no el medio? Porque ella firma el artículo y se hace cargo de lo que escribe.

Veamos la nota de hoy sobre el paro docente de ayer.

EDUCACION: PARO DOCENTE NACIONAL

Los chicos, de la resignación a la bronca por otro día sin clases

En la Ciudad casi no hubo clase en las escuelas públicas. Clarín constató que hubo docentes estatales dispuestos a trabajar, pero regresaron a sus casas porque los edificios estaban cerrados. Se plegaron algunos privados.

Policías impiden a docentes instalar su carpa frente a la Jefatura de Gobierno

El paro se hizo sentir, y fuerte, en las escuelas públicas porteñas. En algunas, la adhesión fue prácticamente total, aunque hubo docentes que fueron a dar clases y debieron regresar a sus casas sin poder hacerlo. En las privadas, a diferencia de otras huelgas, más maestros y profesores se plegaron. Hasta hubo colegios que no dictaron clases.

Es lo que Clarín observó en una recorrida por escuelas públicas y privadas de Capital. En las estatales el panorama se repitió casi sin excepciones. En el Normal N° 1, en avenida Córdoba y Ayacucho, la adhesión terminó siendo casi “total” aunque varios docentes se presentaron a trabajar, según confiaron a Clarín en el colegio. En la Escuela Sarmiento, en Callao al 400, las puertas permanecieron cerradas, y el edificio, vacío.

En el Nacional de Buenos Aires todos los docentes hicieron huelga. Un cartel sobre sus rejas avisaba a los alumnos que “por cuestiones de seguridad” no había clases. Las palabras llamaron la atención y la rectora del colegio, Virginia González Gass, explicó: “Es para informar a los chicos que no hay clases. Al no haber docentes, por una cuestión de seguridad, siempre ponemos ese cartel. Es peligroso que los alumnos vengan cuando no hay ni preceptores, y todos los docentes adhirieron a la medida”.

Entre los docentes que quisieron dar clase y no pudieron, Matilde, de una reconocida escuela pública, confió a Clarín: “Quiero trabajar, no quiero que me descuenten días ni tomar exámenes en Navidad. Mi familia es del interior y viajo para las Fiestas. Esta situación afecta mi ingreso y a mi familia. No nos van a aumentar y terminaremos trabajando en vacaciones”.

En algunos privados, como la Escuela Arco Iris de Barrio Norte o la Nueva Escuela Argentina 2000 de Belgrano, algunos docentes pararon por primera vez en el año. En otros, la adhesión fue total, aunque tuvo otras explicaciones. En el Instituto San Francisco, en Monserrat, un cartel informó “No hay clases”. Y explicó: “Dado el alcance del paro y la adhesión de los hospitales de la zona, no tenemos garantía del servicio médico de emergencia ni del traslado en caso de un accidente”. Una mamá, María del Carmen, se ofuscó ante la noticia: “Los únicos perjudicados somos los padres y los chicos. Cada uno hace su negocio. Es una vergüenza”. En otros privados, como el La Salle, El Colegio del Salvador, el Colegio Del Carmen, la asistencia de docentes fue normal, aunque en algunos reconocieron que faltaron muchos chicos.

Bien, la nota ya terminó. Ahora, vamos a analizarla.

En la bajada, la periodista afirma que varios docentes estatales estaban dispuestos a trabajar. Luego, en el cuerpo de la nota, Georgina nos dice: “En el Normal N° 1, en avenida Córdoba y Ayacucho, la adhesión terminó siendo casi ‘total’ aunque varios docentes se presentaron a trabajar, según confiaron a Clarín en el colegio. En la Escuela Sarmiento, en Callao al 400, las puertas permanecieron cerradas, y el edificio, vacío”.

Varios docentes se presentaron a trabajar. ¿Cuántos? ¿Qué porcentaje del total de los docentes de la escuela? ¿El 1 por ciento? ¿El 5 por ciento? ¿El 20 por ciento? ¿El 80 por ciento?

Luego, en el cuarto párrafo, nuestra periodista nos relata: “Entre los docentes que quisieron dar clase y no pudieron, Matilde, de una reconocida escuela pública, confió a Clarín: ‘Quiero trabajar, no quiero que me descuenten días ni tomar exámenes en Navidad. Mi familia es del interior y viajo para las Fiestas. Esta situación afecta mi ingreso y a mi familia. No nos van a aumentar y terminaremos trabajando en vacaciones'”.

Matilde, ¿qué Matilde? ¿Quién conoce a Matilde? ¿Por qué no creer en que Matilde es la tía de Elustondo o un personaje creado por ella?

Pero, lo peor de todo, es que… ¡Matilde habla! ¡Y habla entre comillas!

Matilde: Conseguite un apellido para que Elustondo te pueda poner.

Matilde, según Georgina, pertenece a una “reconocida escuela pública”.

Aulas vacías, sin Matilde ni María del Carmen, ni nadie

Vamos, piensen con nosotros: ¿Cuántas reconocidas escuelas públicas hay en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires?

¿Reconocidas por qué? ¿Por su nivel educativo? ¿Por la agresividad de sus docentes y porteros? ¿Porque todos los preceptores son gays y lesbianas? ¿Reconocida por el nivel delincuencial de sus alumnos? ¿Reconocida por ser la escuela pública más lejana para todos los porteños? ¿Conocida porque está en Parque Chas y los alumnos y los docentes nunca pueden asistir a clases porque se pierden en esas laberínticas calles? ¿Reconocida porque allí asistió Videla?

¿Qué es una reconocida escuela pública?

Pero luego, llega el folletín. La novela colombiana, el testimonio lagrimeante tipo oyente radial mediopeloargentino.

Matilde nos dice, desde las amarillentas líneas de Clarín: “Quiero trabajar, no quiero que me descuenten días ni tomar exámenes en Navidad. Mi familia es del interior y viajo para las Fiestas. Esta situación afecta mi ingreso y a mi familia. No nos van a aumentar y terminaremos trabajando en vacaciones”.

¡Cuánta imaginación, Elustondo!

¡Cuánta creatividad!

Pero, Elustondo no se quedó en Matilde. Al relato se suma ahora una mamá llamada María del Carmen, muy preocupada porque sus chicos no pueden ir al colegio.

“Una mamá, María del Carmen, se ofuscó ante la noticia: ‘Los únicos perjudicados somos los padres y los chicos. Cada uno hace su negocio. Es una vergüenza'”.

Lo único que se le puede achacar a Elustondo es una pequeñez que no le va a bajar el nivel a la nota. Pero es llamativo que la periodista de un diario tan grande como Clarín no haya conseguido el testimonio de ninguna madre y de ningún docente a favor del paro.

Por último, hacemos un llamamiento a la señora de Noble y el señor Roa para que tengan en cuenta a esta arriesgada periodista que les salvó la pauta de Macri. Se merece un aumento y el cartel de empleada del mes.

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~ por Lord Wigan en octubre 22, 2008.

Una respuesta to “Georgina Elustondo y el nuevo periodismo”

  1. ¡Buenísimo el comentario! Muy acertado.
    Me gustaría saber qué opinó esta excelsa periodista sobre el PARO de los “gauchos” ricos.

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