El Estado ausente

Tenemos que gritar cada vez más fuerte: “¡que vuelva el Estado! ¡Que vuelva el Estado! ¡Que vuelva el Estado!”

Cristina, teléfono.

Fuente: Página/12.

Contenidos para el Bicentenario

Por Mempo Giardinelli

Ahora ya se sabe que la globalización, para la Argentina y Latinoamérica, sólo significó crueldad y dolor. En el Primer Mundo fue fiesta; acá, tragedia.

En estos días, paradójicamente, ese mundo global está en llamas, con el capitalismo en crisis parecida a la que en 1989 padeció el comunismo, y con una perspectiva horrenda de de-sempleo, inflación y desculturación, si se me permite el neologismo, que entiendo como proceso colectivo de pérdida de los últimos valores culturales y del sentido de pertenencia, y proceso a la vez de embrutecimiento contumaz.

Estamos a tiempo de zafar, pero las durísimas consecuencias sociales serán inevitables. Sobre todo ese extrañamiento que se ve ya en muchos sectores sociales que se referencian en supuestos “valores” que vienen (mal) pariendo la desesperanza, el resentimiento y la necesidad de supervivencia.

A la vista de esa mitad de la Argentina que con todo derecho continúa furiosa y clamante, la desculturación está en nuestras narices como problema central del Bicentenario. La pregunta es qué hacemos con ella, cómo corregimos esa tara y rescatamos a millones de personas.

De la tragedia emergimos, hace 25 años, cultural y moralmente muy desgastados y en condiciones ideales para que triunfaran dos discursos espantosos: el neoliberal, supuestamente modernizante y promotor de iniciativas que luego, en los hechos, nos condujeron al desastre. Y el desculturizador, que reniega de los valores tradicionales, anula todo orgullo de pertenencia, celebra la ignorancia y embrutece al exaltar pésimas conductas.

El resultado: un país que no tenía analfabetos pero hoy tiene por lo menos un cuarto de la población que lee y escribe de modo primitivo y apenas funcional. Nuestro sistema de salud pública destruido a la par de la educación pública y de la previsión social. Esas tres grandes responsabilidades de todo Estado en todo el mundo (Educación, Salud y Previsión Social) aquí fueron desmanteladas y traspasadas, en todo o en parte, a manos privadas.

El discurso neoliberal logró quebrar las bases culturales de nuestra nación. En la década infame de los ’90, gracias a esa prédica los argentinos perdimos: la educación, la salud, la previsión social, la industria básica, la banca nacional, los ferrocarriles, el petróleo, el manejo nacional de granos y de carnes, la industria petroquímica, la minería, la explotación marina, millones de hectáreas de tierras fiscales, la electricidad, el gas, las aguas corrientes, los servicios sanitarios, los teléfonos y las telecomunicaciones, el correo postal, la flota fluvial y la de ultramar, la red caminera, las líneas aéreas, los puertos y aeropuertos, la investigación científica y técnica independiente. O sea: perdimos todo eso que era de todos.

Con el patrimonio colectivo saqueado, ni siquiera nos quedó una idea prestigiosa de lo “público”, o sea de todos, que aquí hoy se ve como “de nadie” y, por lo tanto, descuidable. También por eso urge darle significados al concepto “Bicentenario”, que parece todavía muy abierto, algo confuso, fácil de cuestionar y vacío de contenidos. Dotarlo de ellos es el mayor desafío intelectual que enfrentamos.

Yo pasé la semana pasada por varios pueblos del límite entre Formosa y Salta, donde las comunidades wichí sobreviven en condiciones inhumanas; hace poco vi en El Impenetrable niños Qom durmiendo en los árboles, y no dejan de espantarme las villas miseria que rodean todas las capitales de provincias, que junto con las villas porteñas y del conurbano bonaerense son hoy los mayores desarrollos territoriales y edilicios de la Argentina, la inmensa mayoría irregulares, sin servicios de agua ni luz, y donde el magisterio argentino hace actos de heroísmo a diario pero no puede hacer milagros.

Todo eso es parte de una misma tragedia cultural: se corrompió el papel rector del Estado, se privatizó todo y las desregulaciones destrozaron todos los controles, que son los verdaderos muros culturales de contención de excesos y corrupción. Pero hoy no veo, ni escucho, que esa carencia de controles sea una preocupación nacional. Sin embargo es una urgente acción cultural el restablecimiento de controles en la economía, la gestión municipal, la bromatología o el tránsito vehicular. No hay área descontrolada que no deba ser intervenida… por nosotros mismos.

No represento a nadie, pero conozco este país hasta en sus más infames rincones y he visto y veo, y escucho y padezco, la repugnante y obscena subvida de millones de compatriotas, de todas las etnias, víctimas del macaneo nacional. Sería hipócrita y cretino no decirlo, y hablar de Cultura y del Bicentenario mirando para otro lado.

Para dotar de significados al concepto y pensarlo como verdadera oportunidad, es necesario y urgente reconocer nuestro presente sociocultural, configurado por entre 10 y 15 millones de compatriotas carentes de esperanzas y muchos de ellos en estado de animalidad. Eso no se debe a un cataclismo ni es un flagelo natural, sino que es resultado de políticas perversas que aquí se aplicaron y es urgente revertir, pero en serio y definitivamente, lo que implica exigir a las autoridades urgentes medidas reparadoras.

Hay que exigirle al actual gobierno nacional –que ha sido capaz de cambios visibles y plausibles en materia de Defensa y Derechos Humanos, de Educación y de Cultura– que también se cambie en otras áreas en las que la Argentina sigue siendo un desastre. Por ejemplo, en transportes, comunicaciones, impuestos regresivos y otras cloacas que hacen imposible el apoyo irrestricto que algunos pretenden de los intelectuales y que al menos este intelectual no está dispuesto a dar.

En síntesis, y como propuesta de contenidos democráticos y democratizantes, horizontales y para la totalidad de la población, que hagan del Bicentenario un hito cultural, enumero:

1. El Bicentenario es oportunidad de reafirmación cultural, entendida como compromiso y acción, estatal y privada, para recuperar valores tradicionales, rediscutidos, resignificados y reconfirmados en su esencia.

2. Es oportunidad de construir una Argentina reasentada en esos valores: honestidad, decencia, esfuerzo, solidaridad, respeto al derecho ajeno, orgullo de pertenencia, educación universal y gratuita, lectura para todos/as.

3. Es oportunidad para erradicar la marginación sociocultural: la miseria, el analfabetismo, el racismo, la discriminación en todas sus formas, son inadmisibles en la República Argentina.

4. Es oportunidad para restablecer sistemas de control público y/o estatal, democráticos, transparentes, abiertos, participativos y orientados hacia el control de monopolios, la eficiencia en los servicios y el mejoramiento de la calidad de vida.

5. Y es oportunidad ideal para realizar el gran censo del Patrimonio Cultural de los argentinos, provincia por provincia, con prohibición absoluta de su enajenación.

Síntesis de la ponencia leída el viernes pasado en Tucumán, en el 2º Congreso Argentino de Cultura.

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~ por Lord Wigan en octubre 21, 2008.

Una respuesta to “El Estado ausente”

  1. “Hito cultural”??
    El acuerdo del Bicentenario es otra mentira de este Gobierno.

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