Natasha Atlas los despide hasta mañana

Según cuenta la leyenda, el almuecín -el encargado de llamar a los fieles a la hora del rezo- apostado en el minarete de la principal mezquita de Marrakech, tenía que ser ciego. 
Porque si no lo era, podía observar desde su altura el palacio del Sultán y, por ende, a las mujeres de su harén.
Pero también podría ver a los hombres que comen fuego, a los adivinos, los acróbatas y a los encantadores de serpientes reunidos en la plaza principal de la ciudad, ya que toda la vida se concentra allí.
Si caminás por el centro de Jemaa al-Fna terminarás rodeado por hombres -acompañados de sus monos-,  mujeres que intentan pintarte las manos con hena y excéntricos narradores de cuentos rodeados de decenas de personas.
Y además está el sonido: la plaza es una cacofonía de tambores, flautas y canciones interpretadas por músicos del África Sub-sahariana.
Pero si lográs encontrar una esquina tranquila, puede ser que descubras uno de los tesoros escondidos que alberga la ciudad.
Un pequeño lugar, pocos parroquianos con caras poco amables, cordero con salsa de menta, cous-cous, deditos, té verde y esta camarera que te canta.

Natasha Atlas en “Amulet”

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~ por Lord Wigan en octubre 8, 2008.

Una respuesta to “Natasha Atlas los despide hasta mañana”

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