TVR

Los programas en los que la televisión muestra a la televisión se han convertido en plaga durante los últimos años.

Muchos expertos ven en esta modalidad televisiva una forma de no trabajar tanto, y tienen razón. De hecho, este tipo de emisiones voló pronto de la televisión británica, porque los ingleses se hastiaron en pocas semanas de ver un mismo hecho varias veces y en distintos canales. Los llamaban “programas de programas”.

Vamos a la jungla vernácula y pongamos como ejemplo el salivazo impulsado por los labios de una tetona llamada Sabrina Sabrok a la cara del periodista Jorge Lafauci, que se vio varias veces en los televisores argentinos y en distintas emisiones.

A saber: Showmatch -Bailando por un sueño- (Canal 13), Mañanas informales (Canal 13), Duro de domar (Canal 13), Resumen de los medios (RSM, América), Antes del mediodía (AM, Telefé), Telefé Noticias, Diario de Medianoche (Telefé), Mañaneras (América), América Noticias, Almorzando con Mirtha Legrand (América), Intrusos en el espectáculo (América), Mañana vemos (Canal 7), Telenueve (Canal 9), Los profesionales de siempre (Canal 9),  Bendita TV (Canal 9) y en varios programas de cable.

Quiere decir, entonces, que a los televidentes de TVR y Zapping no les quedará otra que volver a ver este episodio el sábado a la noche.

¿Por qué estamos tan narcotizados? ¿Por qué aplaudimos todo?

Quizás estas preguntas tengan respuesta en esta nota publicada la semana pasada en el matutino Página/12.

Los observadores

Por Luciano Sanguinetti *

Los conductores de Televisión Registrada (TVR)

El informe terminó con el cerrado aplauso de la platea.

Visiblemente molesto, el filósofo Tomás Abraham dijo:

–De esto se puede hablar mucho tiempo; esto es un horror, no por el padre Grassi, que no sé si es culpable o inocente… la situación de la infancia en Argentina y lo que pasa en la Fundación Felices los Niños, ¿alguien averiguó lo que pasa con esa Fundación? ¿Con los 6000 chicos que estaban ahí? ¿Siguen dando aporte los donantes para que los chicos coman, estén vestidos y estén educados? ¿A alguien le preocupa esto, o todo es el show Grassi? ¿Nos damos cuenta de lo que está pasando? No con el padre Grassi, ¿es algo bueno pasar con música estos crímenes contra chicos? ¿Es algo bueno?

Los derechos sobre las comunicaciones se han ido expandiendo a lo largo de la historia. Primero se resguardó el derecho de los impresores (art. 32 de la Constitución: “el Congreso Federal no dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establezcan sobre ella la jurisdicción federal”); el segundo fue el de los trabajadores de los medios: la cláusula de conciencia (un periodista tiene derecho a indemnización como si hubiera sido despedido cuando un medio por cualquier razón modificara su línea editorial); el secreto profesional (los trabajadores de los medios no están obligados a revelar sus fuentes). Por último, el que protege los derechos de los informados, el Pacto de San José de Cosa Rica, incluido en el plexo constitucional a partir de la reforma del ’94.

Los conductores improvisaron una respuesta:

–No, seguramente no es bueno, no es bueno que pase, pero lo mostramos porque son acusaciones que se hicieron contra el padre Grassi, no es que las estamos inventando.

El filósofo insistió:

–Inventar, no se inventa, pero hay un modo de transmitir, y creo que la gente no se da cuenta de lo que está viendo. Esto no es una noticia como las Olimpíadas. La escena del chiquito que lloraba para que el padre no vaya a la cárcel no la tendrían que haber pasado. No sólo en este programa, sino en general, los medios de comunicación juegan con la escabrosidad, y eso es lamentable; eso no educa a la gente, al contrario, la hace disfrutar.

La respuesta de los conductores no se hizo esperar.

–Es discutible decir que la gente lo disfruta y englobar a toda la gente; todos los seres humanos, a lo mejor, no reaccionan de la misma manera.

Ahora bien, cómo se lleva a la práctica ese derecho. Desde mediados del siglo pasado se abrieron diferentes canales para difundir la opinión de los lectores. El primer instrumento posiblemente haya sido la Carta de Lectores, sección de los diarios impresos donde se difunden sus opiniones sobre los más diversos temas. El segundo fue “el derecho a réplica”, que implica la obligada disponibilidad del diario (que pocos medios cumplen) a publicar la opinión de cualquier persona que, mencionada en alguna nota, se hubiera sentido agraviada. Hacia finales del siglo pasado, ciertos medios comenzaron a ensayar otros mecanismos de autocontrol. El más conocido se denomina Ombudsman o Defensor del Lector. Aquí, un profesional contratado por el mismo diario oficia de abogado de los lectores. En general, a partir de demandas e inquietudes de los consumidores, evalúa la forma de tratar determinados temas. Sus consideraciones se supone son una fuente para futuras correcciones o desarrollos en las páginas del periódico. En Argentina casi no hay experiencias de este tipo. Las que existen tienen un rango menos, como es el caso de Clarín.

Ultimamente, los que tomaron más vigor fueron los llamados Observatorios de Medios. Estos tratan de ejercer desde la ciudadanía una evaluación sobre el desempeño de los medios en el tratamiento de la información. En Argentina existen cinco observatorios, pero el que adquirió más reconocimiento fue el que impulsó el Consejo Nacional de la Mujer, el Instituto contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) y el Comfer con el objeto de “ejercer un seguimiento y análisis sobre las formas y los contenidos de las emisiones de radio y televisión que pudieran incluir cualquier tipo y/o forma de discriminación”. La experiencia muestra en su portal http://www.obserdiscriminacion.gov.ar resultados interesantes en el análisis de casos como el de CQC o la publicidad denominada “Gerardo”.

El filósofo se preguntó, abrumado:

–¿Entonces qué están aplaudiendo?

Los conductores respondieron:

–Se aplaude el informe.

El filósofo retrucó:

–¿Y es para aplaudir eso?

La participación de Tomás Abraham en TVR pone en evidencia lo poco que se debate en la Argentina sobre los medios y más en los propios medios, obsesionados últimamente por hablar de ellos mismos (especialmente la televisión) sin un mínimo atisbo de autocrítica. Porque finalmente, aquello que pudo haber empezado siendo una mirada irónica sobre su desempeño terminó en un autismo paródico que pareciera no hacer otra cosa que burlarse de los espectadores.

La pregunta de Tomás Abraham sigue rebotando en las pantallas como si nos la estuviera haciendo a todos, que, como unos tontos, también aplaudimos:

“¿Y es para aplaudir eso?”

* Docente e investigador, Facultad de Periodismo y Comunicación Social UNLP.

Anuncios

~ por Lord Wigan en octubre 2, 2008.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: