El fin del periodismo (tercera parte)

A continuación, la tercera parte del primer borrador de la excelente columna de Esteban Schmidt.

Schmidt y el fin del periodismo: primer borrador, tercera parte

Es así. Con el diario, al final, no pasó nada. No vende un pomo, no está en los bares. No se lo espera a ver qué dice, porque nadie sabe bien si le están hablando. Si lo están interpelando, como se dice en la facultad. Y, claro, no se sabe si es en joda o si es en serio lo que se publica, y así: ¿quién compra dólares? Una lástima. Porque el pobre mercado de lectores de la Argentina se pierde las buenas notas que se publican en la revista de los domingos y que quedan tapadas por las bromas de cabaret nazi que se hacen en la tapa, por el sexismo brutal y por algunas mentiras publicadas con banalidad antes del último subte. Terrible, porque el pobre y decreciente mercado de lectores se pierde notas como la de Susana Viau de ayer y, entonces, es más pobre y es más decreciente.

Susana, en una punta simbólica de la redacción. Una mujer que se acuesta a ver en cable El tercer hombre y siente un ruidito en la cabeza y se levanta de la cama a leer el libro original y siente otro ruidito y no se puede dormir hasta el amanecer porque se queda leyendo la historia de unos ambiciosos que no pueden dominar el impulso de la guita, traficantes de penicilina, de efedrina, hombres desesperados, sin continente, sin horizonte moral. Y luego escribe con la suficiente habilidad, y con todas las horas que hacen falta para desplegarla, como para que un ex Juez Federal millonario y un empresario farmacéutico, miembros de la sociedad propietaria de Crítica la saluden en los pasillos sin advertir que Susana también se los cargó a ellos. Cuando parecía que no, que sólo hablaba de la noticia de la semana.

Pero fuera de eso, poco, poco. Debe tener su tráfico en Internet, el site de Crítica, cómo no, pero con el Firefox cualquier cristiano abre 30 pestañas al mismo tiempo mientras espera que se le haga el café en la Philips Delice. Por las dudas, o porque sí, o porque es gratis, abrís Crítica; por las mismas razones abrís Infobae, también. Son páginas que abrís sin esperanza, sin emoción. Zapping. Distinto a la movilización afectiva de abrir el blog de Artemio, por mencionar uno, pero uno de pocos, tal vez el mejor ejemplo de cómo un hombre, en su plenitud intelectual, puede usar un recurso, Internet en este caso, Internet en estos años, para dar cuenta de lo que ama, digámoslo: la patria; sin dejar de presentar un estado del arte de lo que es ese amor para él pero también para otros, y divertirse con lo que esperan que muestre, encuestas, los porcentajes de sobrevida que tienen los hombres públicos, y anotar al margen sus gustos musicales y presentarnos también el amor por Igor, su ovejero. Un abrazo a Igor. Por eso no da que se jacten los que hacen el site de Crítica. El tiempo perdido en Internet todavía no se factura, cuando eso ocurra veremos la verdad de las cosas. Un refresh no se le niega a nadie, un reload come menos calorías que pestañear.

Pirámide invertida

La Internet 3.0 registrará, si hay suerte, si la sensibilidad promedio de sus programadores nos da la chance, las distintas temperaturas de los internautas y los efectos del tráfico por la red. Así como el Facebook 3.0 debería registrar todos los malentendidos de la vida dejando atrás esa linealidad que despierta la fobia de los apocalípticos. Para entonces, los amigos que nos chatean por la tarde desde la redacción deberían poder leer en sus perfiles personales: Soy amigo de Galtieri pero no me gusta que: y que ahí completen: que me maltrate, que me estaquee, que se burle de mi educación. Y que dé el próximo Facebook la chance de armar grupos donde esté bueno hablar de estas cosas.

Con el diario, compañeros, volvamos a los borradores, no podía pasar nada. A todos los que nos preguntaron antes de agarrar el laburo se lo dijimos: es muy difícil hacer algo importante, trascendente, con las retaguardias. Las retaguardias están para hacer el mate cocido, para acomodar los ataúdes en el Hércules. Es así. El diario iba a ser una nueva plataforma cualunquista, siempre corriendo de atrás a la sociedad, con editores que iban a terminar leyendo Clarín, todas las mañanas, para saber dónde estaban parados y configurar desde su tremenda inseguridad la agenda periodística. Todo para no comerse nada. El miedo más grande de un retaguardista, ¡el colmo de un retaguardista! Que, pese a estar bien atrás, donde están las mamás y las enfermeras, lo agarren por la espalda. Y el pánico de ese cuerpo de editores a no haber escuchado bien las consignas de Galtieri, las órdenes que se filtran en el casino de oficiales de la planta alta. Desde la otra punta simbólica de la redacción.

En el cuerpo de editores del diario predominan recursos humanos conservadores, temerosos, con Fiorinos, gente respetable, atención, excelentes padres de familia, como decía Guillermo Nimo, con los que compartiremos geriátricos, si dios nos da salud, pero bueno, gente leal al pasado, a lo instituido, más que nada, y obediente de las oratorias televisivas. Muchachos iniciados en el diario 12, algunos de ellos, quién diría, con todo lo bien que se habló siempre del 12, que han esperado años, que han juntado coraje, con persistencia pero con cuenta gotas, para decir vamos al corte o después de estos auspicios, con nosotros, Marta Minujín, y hacerle un reportaje muuuuuy descontracturado a la señora que hace torres con sanguches de miga. Qué vamos a hacer. Otros, en ese cuerpo editor, educados por la editorial Perfil, formateados en el periodismo de primero la tapa y después vemos, y que no desarrollaron ninguna contradicción con el método, insensibles, además, a la idea de que la historia de los hombres hace la trayectoria de una serpentina y que sólo así merece ser leída. Con ellos evidentemente se podía hacer este diario que hoy no se compra en los kioscos. Que no está en los bares, los templos de los alfabetizados, y que nadie espera. Y que todavía se puede hacer peor. Por la simple saturación que irán evidenciando los más entregados al proyecto. Y como consecuencia de la deserción de los cuadros mejor educados. Porque desertarán.

¿Tenemos que dar nombres propios, tenemos que decir este, aquel, el otro, los nombres de quienes sabemos que abandonarán? ¿O los nombres de los entregados a la causa del abordaje periodístico de cabaret para los temas de género? ¿Los nombres de quienes se plegarán al movimiento revisteril? ¿Tenemos que poner sus nombres en este frontón para que los googleen y se les caguen de risa los hijos, cuando crezcan, cuando entiendan dónde estuvo papá, cada día, cuando el país consolidaba su inviabilidad? ¿Que papá, o mamá, porque hay mamás también en el emprendimiento, favorecía hacer chistes sexuales en las páginas de un diario para desvalorizar a las mujeres? ¿Que papá, todos los días, empobrecía el panorama cultural?

Hablemos de Galtieri. Del vértice filoso de la otra punta simbólica. Del coronel periodístico de mocasines, educado en la escuela de la pirámide invertida y que rechaza los gerundios y los adverbios terminados en mente. Que le hacen tanto mal al país. ¿Conocen más gente así? Un hombre con fuerte lealtad personal con el pasado, también, no tanto por el lado del setentismo, atención, pero sí con cierta cosa pueblerina, fuerte culto al padre, el perfil de Hernán Figueroa Reyes cantando La Pomeña, ¡porque te yooooban, Eulogiaaa!, con fuerte parentela estética con Joaquín Sabina, también, con Juan Serrat, con los cuentitos de Eduardo Galeano. Con esa gente. Ah, pero con la Colt 44 en la cintura. Juan Wayne Galtieri.

Este cowboy subtropical, su línea media y la melodía de veinte años que cantan, iniciada en el 12, el suplemento juvenil de un diario serio, como alguna vez lo definió el doctor Sidicaro, otro abrazo, hicieron posible que esta monumental inversión de recursos económicos y humanos, que es un diario, haga la tabla del cero cada día, para decepción de los amigos que nos chatean amargamente por las tardes y a quienes esperamos de este lado del río en cuanto puedan cruzar.

Columna publicada en “Los trabajos prácticos”

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~ por Lord Wigan en septiembre 11, 2008.

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