El fin del periodismo (segunda parte)

Primer número del diario Crítica

Schmidt y el fin del periodismo: primer borrador, segunda

parte

Ah, pero hablemos bien de Lanata, digamos todo lo que pensamos, no sólo una parte, digamos todo, todo, que es más lindo, que se arriesga más, se compra uno más prejuicios ajenos pero el efecto catártico es más poderoso y se escribe mejor, ojo, porque se saca siempre de las zonas calientes de la memoria y se desintoxica uno, se escribe, uno, para explicarse, y eso es un gran negocio; seamos controversiales hasta con la propia conciencia a ver qué pasa, a ver qué más hay, a ver quién viene a conocernos, y sumemos, en esta adición que nadie nos pidió, la gauchada enorme que le hacemos a los historiadores del futuro que contarán con estos borradores para interpretar los gruesos paquetes de diarios y de revistas que, tal vez, sobrevivan en las bibliotecas públicas y que tampoco, ay González, tendrán wi fi para entonces.

Digamos, entonces, que Lanata es un hombre que se da los gustos. Y que nos gusta la gente que se da los gustos. Nos simpatizan. Porque podríamos mirar con microscopio a toda la comunidad y veríamos que el director de Crítica forma parte de una minoría. De la minoría que hace bastante lo que se le canta. Que no sólo tiene que ver con los enormes beneficios de tener mucha plata, si no con ser un poco temerario, con no someter en forma permanente el goce al cálculo. Nos gusta la gente así. Tratamos de jugar en esa liga, por eso nos gustan. Aunque no nos interesen las mismas cosas. Aunque no arriesguemos lo mismo. No todos queremos un Patek Philipe. Nosotros miramos la hora en el celular. Cuando la miramos. Porque para nosotros el día se fracciona entre el día y la noche, como debió ser siempre, como se estableció en el Génesis. No queremos relojes caros, no queremos pulseritas, anillos, no queremos boludeces. Pero el misterio de salir de pobre y lograrlo, lo que queremos todos, el misterio de hacer un viaje exitoso de Sarandí al Palacio Estrugamou, en una sola generación, bueno, un aplauso, ¿no?, debe venir con un montón de quilombos respecto de lo que falta para la cima, cosas que desde la llanura no se pueden ver bien. No hagamos psicología. Concentrémonos en las evidencias. Lo que vería Andrés Klipphan, de Investigaciones Klipphan, si tuviera que hacer un informe. Anota, Klipphan: el investigado morfa todo lo que quiere. Si quiere fumar mientras se baña, fuma, y, evidentemente, señora, le chupa un huevo morirse pronto, como consecuencia de eso, porque debe preferir vivir poco y bien, a mucho y mal. Y entonces la pregunta que te hacemos, Andrés. Más allá de lo que diga la revista Aprender Salud del Hospital Italiano: ¿tenemos algún problema ideológico, político o moral con eso? Silencio de Andrés. Un No grande nuestro. Tal vez un reflejo de sicoanalizado nos haga decir, sabiendo poco igual, que donde parece que hay extrema libertad puede que haya extrema prisión: la cárcel de los Benson & Hedges, la alcaldía de los chorizos a la pomarola. O que donde abunda el pecado es porque abunda la ley, dando vuelta la sentencia de San Pablo. Puede ser. Pero eso es vida privada. Como el embarazo de la hija adolescente de Sarita Palin. Dijo Obama: eso es vida privada, no dice nada de sus cualidades como gobernadora, ni como aspirante a la vicepresidencia.

En honor de Lanata hay que decir también que el tipo se ha preocupado siempre porque su gente gane bien y porque estén en blanco. El tipo es Henry Ford. Seguramente considera que todos sus empleados deberían tener un auto. Y no se puede decir lo mismo de Manuel Antelo, que fabricaba autos o del malogrado Pepe Eliaschev, quien fue la encarnación del capitalismo salvaje en el negocio de los medios de la Argentina. A Lanata le gusta salvar con guita a los demás. Un abrazo por eso. Aunque tal vez lo haga como un chico que gasta lo que no le cuesta ganar. Y que mediante el dinero, y no sólo, logra reducir la realidad a su capricho. Caprichos que el resto resolvió aceptar hasta volverlos un profundo sentido común. El aire que respiraron los periodistas durante veinte años. Que es lo que nos importa en definitiva. Esa influencia que ya es de veinte años y que sus compañeros de viaje en este tiempo, los egresados de su Komsomol del diario 12 y de las publicaciones periodístico-policiales 21, 22 y 23, de la tele, de la radio, que lo imitan, lo repiten, que tutean a los oyentes, a los televidentes, siempre con la mueca indicativa de que el diputado Imbelloni les está metiendo el perro, que lo sobrevivirán, llevarán como como cantito, como acento, por otros veinte años, hasta que llegue el día en que los oyentes, los televidentes, los caguen a trompadas por tutearlos, o por faltarle el respeto a los entrevistados.

No va a pasar. Lástima. Empeorarán los paisajes, las coplas de estos guachos. Por eso es que esto no va más. Por eso este réquiem. Por eso, también, este último gusto de Lanata, su ingreso al sindicato de variedades, les cayó como el orto a los cronistas escolarizados que contrató. Porque escucharon el clic. Aunque muchos no tuvieran demasiadas expectativas, al menos podían ir a trabajar envueltos en el manto sagrado de la condición de gran periodista de Lanata, de hombre que ha influenciado a la patria para bien, por el asunto de haberle quitado solemnidad a la vida pública tratada por los medios. O sea, el mito que denunciamos. Su pase a la revista de Lino, su legítimo pase a la revista a darse un gusto, para los periodistas que nos chatean por las tardes desde las instalaciones de Maipú, desordena el mito, lo arruina, profana el manto, es el equivalente al giro a la derecha del gobierno peronista del ‘73. No lo dicen así, naturalmente. Para los integrantes de periodistilandia, excepto para los más vividores de viejos mitos setentistas, la derecha y la izquierda son alimento vencido. Brócoli viejo en la heladera. Esa es la verdad. Ahora: es centro o margen. Winner o loser. Y todos apuntan al centro y a ganar. Cómo no vas a apuntar al centro. Imaginan que en el margen hace más frío, y es verdad, que en el margen hay menos plata, y es verdad, que en el margen pasan menos ambulancias y es verdad.

Pero, ojo, ahora es así. 2008, pongamos. Porque cuando el reinado del estilo descontracturado empezó, cuando los diarios se pintaron un día de amarillo, los recursos humanos disponibles eran otros, una obviedad. Se armó en esos años una ensalada de setentistas con muchachos que habían sido adolescentes en el Proceso y que nada que ver con el ERP ni con los Montos ni con el PC, y eso era la redacción del 12. Un mix de remolacha y verdes. Pero sin batalla generacional. Hay que decirlo. Sin corte manifiesto por ese lado. En el ’87, los cuerpos y las mentes de los compañeros sobrevivientes del largo tiroteo de los años setenta todavía estaban jóvenes y dominaban esa y otras redacciones, los cargos importantes pero, con el reflejo de tantas batallas por los qué, siguieron insistiendo por ese lado, y se comieron la batalla que se iniciaba de los cómo. Llegaron las computadoras y el Pagemaker: un quilombo para los camporistas. Entonces vieron el diario amarillo y dijeron ¡bien!, porque lo vieron con títulos hechos con películas que les gustaban y para hablar siempre de temas que les resultaban familiares: La clase obrera no va al paraíso y dijeron de nuevo ¡bien!, ¡bien!, ¡Pe-rón, Pe-rón!, en fin. Se armó solito el consenso del que hablamos ayer (link de nuevo), no hubo que forzar nada, la melodía de fondo que había que bailar para entenderse con el mundo nuevo era más o menos simpática y no te iba a costar la vida, además.

Habrán tolerado groserías. Cómo no. Todos ellos tienen alguna para contar. Pero ellos mismos las perdonaron con una frase que recorrería todos estos años y se volvería la favorita de los edecanes del periodista e historiador. El gordo tiene esas cosas, viste cómo es, de modo que sus caprichos de estilo adquirieran una dimensión poética. Claro, quién se siente humillado así. Quién puede ver un grave compromiso a la verdad y a la seriedad de los hechos si todo pasa por el arrebato emocional de un artista. Si el otro es Orson Welles. Pensándolo bien, habría bastado con que Verbitsky, Pasquini Durán, Soriano, lo taclearan en un pasillo y le dijeran: conmigo no se jode. Con la Argentina menos. Pero andá a nadar contra corriente. Los más jóvenes —ahí sí el switch de generaciones—, vieron por otra parte la veta infernal que abría la prensa en materia económica, y sin laburar demasiado (un periodista se exige tres añitos hasta acomodarse y luego ya está), por las rápidas derivaciones al campo empresarial, por las formas zigzagueantes de sus relaciones con el poder, con sus fuentes, por la rotación de éstas, los créditos del Hipotecario (casi toda la línea directiva periodística de Clarín, hoy, ligó un crédito ayer, lo cual nos enseña clarito cómo la base material determina también esas superestructuras), o la señal Política y Economía, única en el mundo, una señal de cable creada al efecto de articular la relación espuria de los periodistas de los medios gráficos con sus fuentes. Y se armó así una aristocracia de la prensa, módica, de corta duración, con sus contradicciones, pero que sumada a la expansión de la televisión y de los cables movieron cantidades industriales de chicos de las categorías 65 a 80, mayormente, a estudiar en los Institutos de Menores Periodísticos como el TEA o la carrera de Comunicación, porque veían en el campo de los medios de comunicación una movilidad que no se veía en otro lado.

Esos muchachos son los que ahora están a cargo y editan ese diario, entre otros medios, y llevan en sus oídos editores la maravillosa poética lanatiana de boludo, qué carajo significan los puntos suspensivos. Y que aceptan con una sonrisa, diciendo cómo es el gordo, para quedar de una pieza. Para no ser losers, que es tan importante no ser un loser. Y ser aceptado. Andá a ser el aguafiestas, el emo de una redacción. El que no le gusta nada. No te invitan más a los brindis, a los cumples, donde ponen toda la noche la banda de sonido de sus vidas, que ya salió en LP: Keep the party clean. Tengamos la fiesta en paz, como le traducen siempre a Galtieri.

Columna publicada en la página “Los trabajos prácticos”

Anuncios

~ por Lord Wigan en septiembre 4, 2008.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: