Delmira Agustini

Delmira Agustini era una poetisa uruguaya talentosa, linda, loca, atractiva, moderna para la época (comienzos del siglo XX) y muy cool. 

Decían de ella que “era rubia, de ojos claros, que eran tan pronto azules o celestes, e incluso verdes, según la luz, asombrados, en los que ardía un fuego secreto. No daba la impresión de ser alta, pero sí espigada y flexible”.

La definían como “una niña de quince años, rubia y azul, ligera, casi sobrehumana, suave y quebradiza como un ángel encarnado, como un ángel lleno de encanto e inocencia. La tal niña era realmente una belleza, impresionante”.

Pero después se casó con un representante “del campo”, un auténtico Miguens uruguayo que odiaba la literatura y toda manifestación artística. Igual de cuadrados que acá. Imagínense cómo terminó la historia.

Este tipo, un tal Enrique Job Reyes, mediocre ganadero oriental, trataba de “idiota, chusma y atorranta” a la pobre de Delmira.

La escritora, como ella dijo, huyendo de tanta vulgaridad, volvió a su casa. Poco después, cuando había cumplido sólo 27 años, asistió a una cita con su ex esposo.

La bestia chacarera le pegó dos tiros en la cabeza y luego se suicidó.

Bien: campo mata arte.

Este texto pertenece al libro “Los cálices vacíos” (1913), de la escritora uruguaya Delmira Agustini (1886-1914).

Fiera de amor

Fiera de amor, yo sufro hambre de corazones
de palomos, de buitres, de corzos o leones,
no hay manjar que más tiente, no hay más grato sabor,
había ya estragado mis garras y mi instinto,
cuando erguida en la casi ultratierra de un plinto,
me deslumbró una estatua de antiguo emperador.

Y crecí de entusiasmo; por el tronco de piedra
ascendió mi deseo como fulmínea hiedra
hasta el pecho, nutrido en nieve al parecer;
y clamé al imposible corazón… la escultura
su gloria custodiaba serenísima y pura,
con la frente en Mañana y la planta en Ayer.
Perenne mi deseo, en el tronco de piedra
ha quedado prendido como sangrienta hiedra;
y desde entonces muerdo soñando un corazón
de estatua, presa suma para mi garra bella;
no es ni carne ni mármol: una pasta de estrella
sin sangre, sin calor y sin palpitación…

¡Con la esencia de una sobrehumana pasión!

Delmira Agustini.

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~ por Lord Wigan en agosto 19, 2008.

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