La fiesta

El que sigue es un pequeño cuento del escritor escocés Sir Joseph Benjamin.

El dividía las fiestas en tres.

El comienzo, cuando los perfumes todavía persisten y la ropa está en su lugar. Cuando la gente levanta las copas con corrección y mira con timidez.

Un segundo segmento, donde todo el mundo se suelta, habla con desconocidos como si fueran hermanos y donde las miradas ya perdieron toda la timidez.

Sin embargo, a él sólo lo obsesionaba lo que ocurría al final, sólo eso.

Es más, solía elegir a las mujeres de acuerdo a cómo se despedían. O mejor dicho, ponía particular énfasis en el momento que elegían para despedirse.

Le parecían particularmente desechables aquellas mujeres que decidían irse cuando advertían que alguien con auto podía llevarlas. Las veía pobres, grises, sólo llevadas por el interés ínfimo y alejadas de los instintos que gobiernan la noche.

El sostenía que si una persona utilizaba parte de su valioso tiempo para pensar en cuál era la forma más rápida y económica para llegar a su casa, eso la hacía ruin, pequeña, fútil.

El se deshacía por aquellas a las que no les importaba la hora, ni la distancia que las separaba de su casa, ni qué demonios iban a llevarlas.

“No importa, me tomo el Sarmiento y aparte voy colada”, le dijo una vez una rubia del oeste del Gran Buenos Aires con grandes condiciones para conventirse en la seductora del siglo. Y él la amó.

Pasaron los años, él siguió igual, perseguido por la misma obsesión.

En la última fiesta, algo falló.

Esperó varias reuniones para elegirla, no podía equivocarse. Sabía que en algún momento iba a quedar sola. Iba a ser la última, sin dudas. Había acertado 30 de 30. Invicto años.

Eligió música. Para cada cita escogía música distinta.

Grabó toda la semana, hasta agotarse. Este era el disco número 31. Habían pasado jarreau, Debussy, Danni Carlos, pero para esa noche había elegido a Henry Salvador.

A las cuatro, la gente comenzó a irse y ella se le acercó, apoyó la mano en su hombro y le dijo al oído: “me voy, aprovecho que Fulano trajo el auto y me lleva”.

El la saludó y se quedó en su silla, inmóvil.

Anuncios

~ por Lord Wigan en agosto 13, 2008.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: