MOVIMIENTO CAMPESTRE O GAUCHOCRACIA

Los que siguen son extractos de la editorial que el periodista Eduardo Aliverti leyó en su programa Marca de Radio el sábado 17 de mayo:

(…) ¿cómo hizo el Gobierno, en un ratito, para poner furiosos a quienes están de fiesta, para resucitar muertos electorales, para abrir varios frentes de conflicto a la vez incluyendo ponerse en contra a pulpos mediáticos a los que benefició, para generar desconcierto creciente entre quienes deberían o podrían ser sus aliados naturales, para tener que recurrir al alquiler del aparato del PJ y así y todo dar idea de que puede llenar a duras penas la Plaza y la cancha de Almagro, para reinstalar el riesgo-país, para reactivar absurdas operaciones y psicosis de corralitos y default y corridas cambiarias? ¿Cómo hizo todo eso junto en unos días o unos meses? Porque hay que tener negligencia, eh, para hacer eso con casi el 50 por ciento de los votos, sin oposición activa ni pasiva, con el espectacular viento a favor de las condiciones internacionales de la economía, y 50 mil millones de dólares en reservas, y todos los indicadores fiscales prósperos.

(…) Los K pueden tener, y tienen, todas las insuficiencias ideológicas que se quieran, además de espeluznantes defectos operativos. Pero lo que tienen enfrente da ganas de vomitar. Gente que en nombre de sus chacras habla de que hay una dictadura civil, que se pone la escarapela por una tonelada de soja, que se horroriza por el vestuario presidencial pero no por cómo los agronegocios se copulan a la Argentina. Esa gente que le paga a la peonada los salarios más bajos del país, esa gente que no quiere saber nada de reintegros porque tendría que blanquear sus negras operaciones. Esa gente. Ese De Angeli que los medios ponen en cadena nacional cada vez que pega cuatro gritos disfónicos, y que como buen gaucho desclasado verbalizó que lo único que le importa es volverse a trabajar a su campito. Esa Carrió, que encontró el sentido de su vida en las predicciones catastrofistas que mezclan la moral del Che Guevara con los intereses de Luciano Miguens. Esas conchetas teflonarias, y esos hijos de sojeros que ocupan el inmobiliario especulativo urbano con la plata que les giran los campestres que dicen que el campo no da más. Esos piqueteros pero blancos, como dijo el vice la Rural. Esa gente, que irrumpe desde el trazado histórico de este país al lado de Roca, de Uriburu, de la Libertadora, de Onganía, de Martínez de Hoz, de Videla, de Menem. Esa gente.
Como dice Cortázar en “La Patria”, ese poema que debería ser el himno nacional: pobres negros, que juntan las ganas de ser blancos; y pobres blancos, que viven un carnaval de negros.
Casi 60 años después, tomado no desde el nacimiento del peronismo sino a partir de que los accidentes del peronismo lo colocaron enfrente de bloques que ideológicamente hubieran debido serle afines, parece mentira pero la historia se repite. Habrá que ver si como tragedia o como comedia. Más o menos una mitad de la sociedad, aunque la pasa bien, se abroquela en el disgusto o la irritación por las formas autoritarias de un populismo que no le sienta a su imaginario parisino. Y más o menos la otra mitad, aunque la pasa mal, reconoce que los otros son una opción peor. Todo con matices, claro.
La mala noticia es que, por más que a la izquierda del kirchnerismo esté la pared, lo que está a la derecha es mucho más peligroso. La buena es que la derecha es una runfla que no tiene partido. Y la pregunta sería hasta cuándo.

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~ por Lord Wigan en mayo 20, 2008.

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